El sutil arte de que todo se trate sobre nosotros
Desde el machismo, los hombres somos profundamente egoístas. Esto hace que cada uno de nosotros viva con una regla simple y muy clara: primero yo,
Los hombres creamos, sostenemos, reproducimos y elegimos el machismo como modo de ser y de relacionarnos con el mundo, con los demás y con nosotros mismos. Aquí comparto escritos y videos donde reflexiono sobre ello y sobre cómo nuestra violencia oprime y lastima a las mujeres.
¿Podemos cambiar? ¿Podemos ser como hombres mejores seres humanos? Sí, pero para ello es necesario que, como hombres, hagamos un ejercicio brutal de sinceridad con nosotros mismos y con nuestros congéneres. Y luego, tomar la decisión consciente y sistemática, de desertar, un día a la vez, de ese sistema cruel que hemos creado.
Un desertor abandona el bando al que pertenece para luchar en su contra. Pero eso no lo hace ser parte del bando por el que ahora decide luchar. Desertar es habitar un limbo identitario: ser cada día menos machos para ser cada día más humanos. Es un proceso que se lleva hasta el último día de nuestra vida.
Sin ese paso, me temo, solo seguiremos siendo hombres profundamente egoístas y misóginos, pero con piel de cordero.
Desde el machismo, los hombres somos profundamente egoístas. Esto hace que cada uno de nosotros viva con una regla simple y muy clara: primero yo,
Desde el machismo, los hombres no podemos amar a las mujeres. ¿Cómo podríamos amar a alguien ontológicamente inferior a nosotros? Una mujer, para un hombre
El amor heterosexual para nosotros, no es un encuentro entre dos personas. Es una sala de experimentación para afianzar nuestro ego. Porque no hay un